jueves, 20 de marzo de 2014

Divas del Jazz - 27

Geri Allen

Geri Allen es una de las grandes pianistas de jazz de finales del siglo XX y tiene todo a su favor para ser, en este incipiente Siglo XXI, una de las grandes referencias del jazz. Miembro del colectivo musical "M-Base", en 1994 ingresó en el cuarteto de Ornette Coleman siendo la primera pianista que Ornette contrató en más de treinta años.



 Los programadores del Jazz at Lincoln Center le encargaron la obra: "Sister Leola, An American Portrait" todo un compendio musical moderno, brillante y creativo. A pesar de su juventud, posee ya una amplia discografía en Blue Note y Verve, de la que cabe destacar por su extraordinaria calidad, el álbum: "Maroons" (Blue Note, 1992) 


Escuchar a esta pianista de jazz es descubrir el verdadero significado del arte en el piano de jazz. Con una capacidad técnica asombrosa, Geri Allen se ha ganado a pulso la consideración de ser una de las grandes pianistas del jazz contemporáneo. Además lo ha hecho en muy poco tiempo. Su impronta ha impactado en este difícil terreno donde las mujeres instrumentistas son una inmensa minoría.



 A sus cuarenta y pocos años, Geri Allen ya puede presumir de haber tocado  con la flor y nata de los músicos en los géneros más diversos y ha mantenido una carrera intachable creciendo cada año. Geri Allen además está en su mejor momento de madurez. En 2003 se presentó en Madrid con el que entonces era su habitual formato de trío, junto a los hermanos Johnson (Billy al bajo y Mark a la batería), y dejó anonadado a un público que llenaba hasta la bandera el recinto.



Lo mejor de todo es que ninguno de los tres tuvo que hacer nada fuera de tono o recurrir al guiño populachero: les bastó con tocar jazz de calidad a un altísimo nivel. Geri Allen, lo mismo asume tocar en formato pequeño con un criterio muy formado de lo que es el trío, o lo hace a piano solo y entonces el lirismo de su música lo impregna todo. Y lo importante es que lo hace acumulando un derroche de swing inagotable.



Irene Aranda

La pianista jienense, Irene Aranda nació en el seno de una familia de músicos. Su abuela era pianista y su abuelo tocaba el oboe, aunque la mayor parte de su tiempo la empleaba en componer y dirigir una banda, por lo que creció escuchando pasodobles y música clásica.



Ayudada por su abuelo, de quien aprendió solfeo, intentaba reproducir toda la música que oía, - uno de mis primeros recuerdos es tratando de tocar Asturias con gran empeño después de haber escuchado una grabación de Alicia de la Rocha-. Tras una etapa de enseñanzas caseras Irene Aranda, se matriculó en el conservatorio, donde además de profundizar en sus estudios musicales, hizo grandes amigos.



A través de las obras de Albéniz, Falla y Granados profundizó más en el flamenco y la tradición folclórica española, y comenzó a conocer las composiciones de Bach, Bartók, Skrjabin, Prokofiev, Ravel, Debussy y Stravinsky. Sin embargo Irene tenía algo más en su mente; le inquietaba el poder igualar el sonido de los discos de jazz de su padre, y fue esto lo que le llevó a descubrir las séptimas mayores.



A partir de ese día su vida cambió radicalmente. En sus investigaciones le respaldaron algunos de sus compañeros del conservatorio, que pusieron a su disposición partituras de jazz y le prepararon una encerrona para que entrara a formar parte de la Big Band del centro. Durante los cuatro años que trabajó con esa formación tuvo la oportunidad de ampliar sus conocimientos sobre Swing, Latin-jazz y Funk. 



El resto de sus influencias musicales provienen de fuentes tan dispares como Deep Purple, Led Zeppelin, Black Sabbath, Pink Floyd, Guns and Roses, Iron Maiden, Nirvana, Mano Negra, Extremoduro, The Beatles, etc.



Su primer trabajo discográfico: Interfrequency 23 7 nace impulsado por la curiosidad, experimentando con elementos de distintas culturas a través de un repertorio casi exclusivamente original. Las composiciones que integran este proyecto son el vehículo que permite la conexión sonora por la que unas músicas entran dentro de otras.



Para ello la pianista contó con la colaboración de Paul Evans (trompeta y fliscorno), Vicente Macián (saxos tenor y soprano), Matthew Baker (contrabajo), Jeff Jerolamon (batería), Vicente Espí (batería) y Lozanito ( percusión). 



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